La Phármaco

Mariana

Parte del Ciclo de los Milagros

Mariana es el nombre de la cabra que acompaña al gitano errante, la del show, la que baila y le da de comer. Mariana es la mula con la que el campesino trilla, la burra de carga del azacán y la borriquilla que transporta al dios. El animal hembra es el cuerpo del trabajo, da igual la era que atraviese. En la obra, el cante alienta y anima a la fuerza productiva y el cuerpo recrea de forma libre la potencia del animal que se deja arrastrar por el compás de los órganos, como en los cantes a palo seco. Lo mueve, no la arqueología de las esencias, sino el puro deseo de encontrar la forma, el orden, la elocuencia. El cuerpo jondo derrocha energía, vida y muerte, y esa es su radical y arcaica modernidad. El cuerpo jondo rompe a bailar, como las lágrimas, el sudor o la carcajada: con poderío, con vergüenza, ahí donde el proceso es tan visible como el resultado. Los lenguajes son impuros, mestizos, como todo lo que está vivo. Un baile esculpido en piedra y arcilla, esquemático, tosco y preciso como son los altares, los amuletos o las herramientas. Un baile tan abstracto y simbólico como utilitario y material.

«La obra tiene un poder expresivo muy intenso. La comunión entre las dos creadoras es absoluta. La música alta añade aún más dramatismo a esta «Trilla», que se adentra directamente en el folclore, apareciendo constantemente pero reinterpretada tanto por Arcas como por Le Parody. La danza se despoja de adornos; la música los tiene todos. Una hermosa creación que nos presenta un lenguaje creativo fresco y nuevo, alejado de las normas pero más cercano a la piel y los sentimientos de dos mujeres».

Pedro G. Romero, Europalia 2025